lunes, 2 de julio de 2012

A flor de piel...



Es grande. Es pura y esencialmente cofrade.

No me estoy refiriendo a una persona en concreto. Ni a un momento justo. Ni siquiera a uno de nuestros benditos Titulares…

No.

Lo que es grande, lo que es puro sentimiento, lo que es esencia de lo cofrade,  es lo que aconteció en nuestra ciudad el pasado sábado.

Nada más y nada menos que ciento cincuenta y siete almas fueron las que, a pesar de la pereza del estío, se acercaron hasta la calle de la Azucena a ejercer su derecho a elegir los que consideraban mejor para su hermandad.

Y eso en Ciudad Real, ya es grande.

El pasado sábado me sentí muy orgulloso de la Ciudad Real cofrade, porque aprecié como, optando por una candidatura u otra, muchos hermanos estaban preocupados por el devenir de su Cofradía.

Y eso es para que todos nos sintamos orgullosos.

Lo siguiente, ya es materia de lo íntimo… Los que hemos vivido, de una forma u otra, este proceso como algo cercano, saben a lo que me refiero. Todo lo resumiré en dos instantes, un abrazo y las lágrimas de una madre… Lo demás es obvio.

La candidatura de Pascual estaba investida del poder de lo sentimental, del fugaz instante en el que todo se condensa en un gesto. No sólo le acompañaban personas que han demostrado valía suficiente como para llevar a la Hermandad catedralicia a buen puerto. Esta candidatura estaba ungida de recuerdos, de afectos, de lo insondablemente cofrade: la tradición, el respeto, el amor por lo nuestro... Y ante esto, que no es otra cosa que lo puramente cofrade, no podemos hacer otra cosa que reconocer la evidencia de que en esta elección hay mucho de eterno y poco de terrenal.

Como dije a través de otro medio, a la otra candidatura ahora también les toca luchar codo con codo con la candidatura elegida, por el bien de su Hermandad. Porque en esto de las cofradías no cabe la “labor de oposición”. Creo que Hilario también se sentirá orgulloso por los resultados, y por la demostración de salud de su Cofradía. Y seguro que sabe que la Hermandad se queda en buenas manos.

A Pascual y su gente, ahora les toca lo más difícil, pero también lo más hermoso… aquello que hace brillar los ojos cuando se acercan las dos de la madrugada del Sábado Santo y las nervaduras del gótico prioral se acercan a recoger el cuerpo muerto de Cristo…

Quedan cuatro años por delante, pero la Piedad es Eterna…

Gracias.

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