Es grande. Es pura y esencialmente cofrade.
No me estoy refiriendo a una persona en concreto. Ni a un
momento justo. Ni siquiera a uno de nuestros benditos Titulares…
No.
Lo que es grande, lo que es puro sentimiento, lo que es
esencia de lo cofrade, es lo que
aconteció en nuestra ciudad el pasado sábado.
Nada más y nada menos que ciento cincuenta y siete almas
fueron las que, a pesar de la pereza del estío, se acercaron hasta la calle de
la Azucena a ejercer su derecho a elegir los que consideraban mejor para su
hermandad.
Y eso en Ciudad Real, ya es grande.
El pasado sábado me sentí muy orgulloso de la Ciudad Real
cofrade, porque aprecié como, optando por una candidatura u otra, muchos
hermanos estaban preocupados por el devenir de su Cofradía.
Y eso es para que todos nos sintamos orgullosos.
Lo siguiente, ya es materia de lo íntimo… Los que hemos
vivido, de una forma u otra, este proceso como algo cercano, saben a lo que me
refiero. Todo lo resumiré en dos instantes, un abrazo y las lágrimas de una
madre… Lo demás es obvio.
La candidatura de Pascual estaba investida del poder de lo
sentimental, del fugaz instante en el que todo se condensa en un gesto. No sólo
le acompañaban personas que han demostrado valía suficiente como para llevar a
la Hermandad catedralicia a buen puerto. Esta candidatura estaba ungida de recuerdos,
de afectos, de lo insondablemente cofrade: la tradición, el respeto, el amor
por lo nuestro... Y ante esto, que no es otra cosa que lo puramente cofrade, no
podemos hacer otra cosa que reconocer la evidencia de que en esta elección hay
mucho de eterno y poco de terrenal.
Como dije a través de otro medio, a la otra candidatura
ahora también les toca luchar codo con codo con la candidatura elegida, por el
bien de su Hermandad. Porque en esto de las cofradías no cabe la “labor de
oposición”. Creo que Hilario también se sentirá orgulloso por los resultados, y
por la demostración de salud de su Cofradía. Y seguro que sabe que la Hermandad
se queda en buenas manos.
A Pascual y su gente, ahora les toca lo más difícil, pero
también lo más hermoso… aquello que hace brillar los ojos cuando se acercan las
dos de la madrugada del Sábado Santo y las nervaduras del gótico prioral se
acercan a recoger el cuerpo muerto de Cristo…
Quedan cuatro años por delante, pero la Piedad es Eterna…
Gracias.
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