domingo, 25 de enero de 2015

Lecciones en una tarde de enero...


Acabo de dejarte en casa y ya parecen siglos los instantes que me ha robado el minutero desde el último beso que nos dimos.

Sabes que soy de soledades, más que de bullicios, y sin embargo has preferido que hoy no nos veamos en la quietud de un diálogo de dos… Y también sabes, porque bien me conoces, que no puedo sino rendirme siempre a tus empeños.

Por eso hoy hemos estado juntos los tres, casi sin darme cuenta, iluso de mí, que en realidad era yo mismo quien duplicaba mi ser en la inocencia de sus ojos. Quizás porque necesitabas más de la ingenuidad que de mis complicadas cuitas sobre las condiciones que en demasiadas ocasiones le ponemos al corazón… Quizás porque querías que yo mismo te mirase con la misma candidez con que te han contemplado sus escasas primaveras.

Quería arrogarte sólo para mí, cicatero y codicioso de tus caricias, y sin apenar sentirlas, vuelvo lleno de Ti, enamorado de la vida que me enseñas. Tú, como siempre.

Marcando mis días fríos.

 Adelantando las primaveras por llegar.