miércoles, 1 de febrero de 2017

CULTURA



Se ha hablado, se habla y se hablará mucho del término “cultura” para enfrascarnos en disputas de las más diversa índole, casi siempre tiznadas de no poco componente pseudoideológico y que en las más de las ocasiones no vienen sino a enmascarar los pensamientos de algunos con respecto al ser y al querer a nuestra ciudad.

De un tiempo a esta parte, en no pocos foros, veo como se intenta hacer ver (otra vez) que nuestra ciudad está anclada en el tercer mundo de lo cultural. Quizás no les falte razón. O quizás, mejor aún, pueden tener razón, si bien se les escapa un matiz importante en sus apreciaciones.

Parece que hemos pasado de entender por cultura aquello que tiene un fuerte trasfondo popular, o que se encuentra más arraigado en la forma de ser de gran parte de la población, a entender por cultura sólo aquello que rompe con las normas establecidas, desdeñando lo que hasta entonces entendíamos como tal, y ello con el peligroso argumento de una superioridad intelectual de lo “nuevo” sobre lo “viejo”. Esto es, ahora solo lo “cool” según este nuevo criterio es cultura.

Pues ni tanto ni tan calvo. Quizás lo que a unos y otros se les escape, es que la cultura, que tanto tiene que ver también con el arte, es una forma de expresión de los más íntimos sentimientos del ser humano. Con lo cual privar a cualquiera de las dos expresiones, la tradicional y la vanguardista, de su calificativo de cultura es mutilar la riqueza de la expresión y por tanto la riqueza misma del ser humano.

¿Y a cuento de qué esto ahora, en un blog de temática cofrade?

El pasado sábado, es de todos conocido, se presentó el tercer trabajo discográfico de la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva: Alarcos.

Agrupación Musical, música: cultura.

Santo Tomás de Villanueva, obispo, natural de Fuenllana, personaje histórico pues: cultura.

Alarcos, enclave arqueológico de suma importancia en nuestra ciudad: cultura.

Lleno absoluto en el foro de más capacidad de nuestra ciudad: cultura.

Calidad interpretativa en cada una de las piezas: cultura.

Sin embargo, parece que como esto suena a “trompetas y tambores”, para algunos pierde su condición intelectual cultural. Yo esa apreciación la definiría como: incultura.

Quizás, de todo, independientemente de la calidad musical (extraordinaria), de la humildad (extraordinaria), de la capacidad de esfuerzo y alternativa de ocio para la juventud (extraordinaria), y un largo etcétera… De todo, decía, me quedo con una cosa. El amor por nuestra ciudad, y por tanto, la base fundamental para que la manifestación pueda denominarse cultura. Porque sin sentimientos, no hay cultura.

Para aquéllos que tanto se quejan de que nuestra ciudad vive en el Pleistoceno de la cultura, habría que retrotraerles a preescolar, y enseñarles que para hacer cultura en la ciudad, primero hay que querer a la ciudad.

Y como la quiere la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva… Eso además de CULTURA es de quitarse el sombrero… GRACIAS.