viernes, 24 de abril de 2015

LA PERDISTE


Vuelvo a dejar reposar los momentos en la cazuela de los recuerdos de oro para sentarme a escribir estas líneas. Parece ya tan lejana y sin embargo se marchó hace apenas un suspiro…

Contamos, recontamos y descontamos nazarenos, tiempos de paso, levantás, marchas que sonaron y no sonaron, presencias, ausencias, composturas y costuras… y en esa tesis sobre los datos objetivos y las valoraciones subjetivas de la Semana Santa de dos mil quince que se nos ha ido, para no volver jamás, podemos caer en el craso error de haber dejado que se nos escape para siempre.


Porque, en esa vorágine de los días que contamos del revés ¿dejaste el corazón limpio para la mañana nueva de Ramos, y te hiciste chiquillo salesiano en la alegría de un estreno renovado de compases costaleros?

¿Dejaste acaso espacio en tus horas para saborear el néctar sabroso de una hermandad de barrio, que sueña un palio de Salud, mientras un ejército de capirotes azules convierte la tenue luz de la atardecida en fulgor de cofradías y resplandores del gozo del Domingo de Ramos?

Te empeñaste quizás en la ética y la estética, y dejaste tus pupilas huérfanas de los colores vivos del Martes. Dejaste morir el instante fugaz en el que la Esperanza, bendita Esperanza de capas blancas, marchaba de su barrio para desparramarse en bendiciones de capirotes verdes por la ciudad.

O acaso, no contuviste el aliento en el suspiro fugaz del muñidor, mientras el barroco se adueñaba del entorno gótico de la catedral, y el tiempo se detenía a contemplar el transitar místico de una cofradía de nazarenos incorpóreos y músicas etéreas.

No podrás recuperar ya el esplendor níveo del Miércoles, mientras los compases de cuarentayocho corazones buenos pasean al Dios moreno de Santo Tomás, ni podrás atrapar el cadencioso baile de las amapolas prendidas en el pecho de la elegancia sutil de un paso de palio.

De poco te ha valido esta Semana, si no has cerrado los ojos al encarnizado sonido de las cadenas en el silencio de la noche. Si no se te ha llenado la garganta de sentires al paso del palio azul que cobija a la más madre de todas nuestras Dolorosas. Si no has visto el contraluz de la Lanzada, o el zaguán lleno de ilusiones al enfrentar el alba convertida en paso de palio al rozar la Madrugada. Incluso, si no has soñado al ver la sentencia de Dios acompasada en los sonidos graves de la tarde...

Si no hincaste el alma de rodillas al momento en que Jesús se detiene ante Sí Mismo en la Plazuela de la vida cofrade y voces de otro Cielo llaman al Nazareno a subir nuevamente al Calvario.

Si el Viernes por la mañana… soñaste con el Lunes… y con visitar a Dios Sacramentado en los Monumentos de la ciudad.

Si no viste el Amor detenido entre el Cielo y la tierra en la salida de las salidas de la semana grande, o te embriagaste del patetismo de las Angustias al acariciar al Hijo muerto… si no te mezclaste con la algarabía de la bulla de la calle Feria al son de Ave Marías, o contemplaste ese Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que es la Cofradía de la Piedad de vuelta. Si el corazón no se subió a tu garganta al son del Desprecio de Herodes cuando la Cruz enfrente la puerta de la Casa de la Cruz.

Si tus pies cansados no rivalizaban con la nostalgia de una Cofradía que cuatrocientos cincuenta años después parece encontrar el signo de su elegancia….

Contamos, recontamos y descontamos nazarenos, tiempos de paso, levantás, marchas que sonaron y no sonaron, presencias, ausencias, composturas y costuras… pero si dejaste escapar los tesoros para el cofre de tu memoria, pasó la Semana Santa de dos mil quince, muchacha de soles soñados que no volverá jamás, y la perdiste para siempre…

Recuerdos de la Semana Santa 2015 (III)

HERMANDAD DEL PRENDIMIENTO - Domingo de Ramos