lunes, 26 de marzo de 2012

VIA CRUCIS para la Cuaresma...

Decimocuarta Estación
Jesús es co­lo­cado en el sepulcro


«Y como para los ju­díos era el día de la Preparación, y el se­pulcro es­taba cerca, pu­sieron allí a Jesús» (Jn 19, 42).

«José de Arimatea rodó una piedra grande a la en­trada del se­pulcro y se marchó» (Mt 27, 60).
Por la pro­xi­midad de la fiesta, se dieron prisa en pre­parar el cuerpo del Señor para co­lo­carlo en el se­pulcro que ofre­cieron José y Nicodemo. El se­pulcro era nuevo, a nadie se había en­te­rrado en él.
Una vez co­lo­cado el cuerpo sobre la roca, José hizo rodar la piedra de la puerta, que­dando la en­trada to­tal­mente ce­rrada. Si el grano de trigo no muere…
Y, des­pués del ruido de la piedra al ce­rrar el ac­ceso al se­pulcro, María, en el si­lencio de su so­ledad, aprieta la es­piga que ya lleva en su co­razón como pri­micia de la Resurrección.
En esta es­piga re­cor­damos el tra­bajo hu­milde y sa­cri­fi­cado de tantas vidas gas­tadas en una en­trega sa­cri­fi­cada al ser­vicio de Dios y del pró­jimo, de tantas vidas que es­peran ser fe­cundas unién­dose a la muerte de Jesús.
Recordamos a los buenos sa­ma­ri­tanos, que apa­recen en cual­quier rincón de la tierra para com­partir las con­se­cuen­cias de las fuerzas de la na­tu­ra­leza: te­rre­motos, hu­ra­canes, maremotos…

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