jueves, 17 de noviembre de 2011

UN CUENTECILLO

Érase una vez que era, el más hermoso edificio que pudo albergar un pequeño pueblo en la llanura… con el paso de los años el edificio sufrió el implacable paso del tiempo… Un día la estructura del edificio se desmoronó y no se pudo hacer nada por evitarlo… Los paisanos se lamentaban de lo que podía ser el fin de aquél hermoso edificio, orgullo de la vecindad.


Pero como en todo hubo un grupo de valientes que se lanzó a intentar reconstruir lo que parecía perdido. Nada es imposible, pensaron… Pasaron los años y poco a poco, tras diversos palos de ciego, una luz pareció brillar al final del túnel… El maravilloso edificio tendría arreglo, pues habían arribado al pueblo unos magníficos trabajadores que conocían técnicas hasta ahora desconocidas en la villa, y todos podrían disfrutar de su belleza en la próxima Pascua…

Cuando todo parecía bien encauzado, llegó al pueblo un nuevo gobernador. Este gobernador se admiró de la belleza del imponente edificio de la llanura, y decidió que al grupo de arquitectos que trabajaban en pos de su recuperación, se unieran otros que también habían demostrado su gran valía…. Y así fue, durante un breve espacio de tiempo trabajaron conjuntamente los antiguos y los nuevos arquitectos junto con los obreros venidos de las tierras altas, dando estupendos resultados. Los vecinos se hallaban enormemente esperanzados ante el que parecía el fin de los oscuros años para su maravilloso edificio…


Pero un día, inexplicablemente, el gobernador decidió prescindir de los antiguos arquitectos y a los nuevos apenas les dejó margen de maniobra. Quería el gobernante llevar él personalmente todos los trabajos y empezó a imponer sus criterios frente a los de los arquitectos y los obreros…



Los obreros, cansados de recibir órdenes que podrían dar al traste con todo el trabajo realizado dudaron si continuar ayudando a los aldeanos a la reconstrucción de su precioso edificio o marcharse del pueblo y dejar desmoronarse nuevamente su estructura… Ante ésta situación el jefe de los obreros les exhortó con estas palabras: “Amigos, vinimos desde las tierras altas, donde nuestro trabajo es bien reconocido por nuestros conciudadanos y llegamos hasta esta aldea enamorados de este precioso edificio que nos decidimos a reconstruir. Y lo hicimos para que las generaciones venideras puedan seguir disfrutando de su hermosura, e impulsados por un único sentimiento, el Amor que profesamos hacia nuestra trabajo. Luchemos pues, junto con los arquitectos nuevos y los arquitectos viejos y hagamos ver al gobernador, que el Amor es otra cosa...”


Desde entonces, los aldeanos están eternamente agradecidos a aquéllos hombres que las tierras altas que decidieron seguir luchando por su edificio…


Y desde este blog, a los arquitectos viejos, a los nuevos y a los obreros de las tierras altas… MUCHAS GRACIAS… Y al gobernador…


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