viernes, 30 de abril de 2010

Las Cruces de Mayo en Ciudad Real

La fiesta de los Mayos se celebra el 30 de Abril, revistiendo muchas calles con las “cruces de mayo”, cruces engalanadas y adornadas que se exponen con orgullo por barrios. Durante esa noche, ya es costumbre que el "Grupo Mazantini" canta a la Virgen del Prado desde la calle del Camarín, en donde la Señora se asoma para escuchar la ronda. Otros grupos también realizan el canto de alabanza a la entrada del mes de la Virgen y de las Flores.


Los mayos en Ciudad Real y Valverde.

Valverde es un núcleo de población pequeño, perteneciente a Ciudad Real y muy cercano a la fortaleza de Alarcos. Los habitantes de Valverde siempre han hecho suya la Virgen que se encuentra en la ermita de Alarcos, es por este motivo la aparición del mayo dedicado a esta Virgen y realizado por gentes del pueblo.

En Ciudad Real, a pesar de la aparición de las coplas pertenecientes al mayo dedicado a la Virgen del Prado, no se constata tradición en la fiesta del mayo. Es probable que al concurrir en la capital gentes de diversos pueblos para buscar modo de vida, quedándose asentados, implantasen todo aquello que vino con ellos. Entre otras muchas cosas, en el mes de mayo seguirían practicando la costumbre aprendida en el pueblo, pero que no por salir fuera del mismo se tenía que quedar en el olvido. En la actualidad, ya hace algunos años, un grupo de mozos se reúnen en el camarín de la Virgen para cantar el mayo a la patrona, después van a rondar a alguna moza.

Hasta que no aparecieron las letras originales del mayo a la Virgen, cantaban uno que retomaban de otro pueblo o bien se creaba una letra propia. Escribía en mayo de 1981 Carlos de la Torre, un hombre preocupado por conservar las tradiciones: "En Ciudad Real, mi tierra, al igual que años atrás, se habrán reunido mis amigos ante el camarín de la Virgen para cantar también su mayo a la Señora, en su última noche de abril". Costumbre, tradición y forma de expresión coinciden puntualmente en los ciudarrealeños

Según una crónica editada en Vida Manchega el 9 de mayo de 1912 por JORGE DE MATEO decia:

Cuidadoso observador de las costumbres de los pueblos, una cosa para mí extraña y original llamó mi atención al entrar en la Mancha.

Son “Los Mayos”. Es la fiesta de la Cruz.

Desde tiempo inmemorial se viene observando, y de padres á hijos se sucede esa fiesta sin interrupción, conservándose con religioso respeto.

La proximidad de la fiesta es anunciada ya dos días antes con las músicas de los obreros que alegres, desde las diez de la noche, recorren las calles entonando ante la reja de la joven que ha sabido inspirarles sus afectos, esos cantos trovadores llamados “Los Mayos”, que brotan de aquellos sencillos corazones, á impulso del afecto y del sentimiento y que tienen por recompensa un obsequio de aquella y una sonrisa preciada, precursora del careto que deleita.

Su canto es típico, original, inarmónico, pero con dulces expansiones rítmicas, cadenciosas, laborantes de sencilla pasión, con sus rumores de besos, con ondulaciones de amor. Notas que penetran en el alma abriendo los broches del corazón al puro afecto.

Las habitaciones de las casas donde ha de colocarse la Cruz y cuya colocación es debida á promesas hechas por desgracias sufridas ó esperanzas realizadas, se van adornando por las jóvenes con ese coquetismo y natural elegancia propios de la mujer; y ya admirablemente dispuesto todo y ante preciosa y artística plataforma, elévase majestuosa y solemne una Cruz.

La noche de la víspera ábrese al vecindario la casa donde hay Cruz y todos acuden á orar, como se recorren los Monumentos de Semana Santa, y ante aquel improvisado altar se postran las gentes con religioso respeto, pensando, seguramente, que si un árbol nos quitó celeste vida, pura y redimida nos la volvió el Madero de Pasión.

Sobre la Cruz depositan multitud de alhajas preciosas y con ellas se adorna de tal modo que, verdaderamente, maravilla é impresiona. Hasta el amanecer es un continuo ir y venir de gentes; y cuando el sol dora las crestas de las montañas vecinas, se cierran esos improvisados templos como para dar paso a la luz del nuevo día.

Lo extraño de esta fiesta es el contraste que ofrece la religiosidad del acto con las músicas que entran á tocar ante la Cruz, y que mientras unos rezan, las jóvenes bailan toda la noche en la entrada de la casa, con esa alegría sencilla é inocente que, presidida por la oración, en nada desdice de la ceremonia.

Todo alrededor de la Cruz son flores, luces, verdores de fragantes aromas, armonías del alma, espasmos de amor y de cariño.

¡Dichoso el pueblo que sabe conservar sus tradiciones!

Información extraida de la web www.ciudad-real.es

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