martes, 11 de septiembre de 2012

Caritas Christi urget nos...

A los que durante este año estáis dando lo mejor de vosotros para dignificar esta gran efemérides. En especial a Gonzalo, Alba, Ana, Paco, Alberto y demás…



Nunca sabemos el momento de las cosas cofrades. Dicen que es un rito, cierto. Pero a veces nos asalta en cualquier esquina, cuando menos lo esperamos. Nos roba un pellizco del alma, un esbozo de sonrisa en nuestra mirada, y todo despierta a la vida en esta primavera de otoño…

Como tantas veces la música es el eslabón a lo más íntimo de nuestro ser. Qué le vamos a hacer, en ocasiones escuchamos marchas a destiempo. O mejor dicho el tiempo nos susurra las marchas cuando él quiere. Somos hijos de esta clepsidra de agua dulce. Porque el tiempo de las cosas cofrades es un tiempo almibarado que no entiende a veces del curso de las estaciones y nos arrebata a las sensaciones, lo mismo cuando florecen que cuando las viñas van a ser guillotinas en la danza de nuestros campos.

Y hoy estas cosas han venido a mí, y seguro que a muchos de nosotros, en esa escuadra infinita que conforman Tus brazos extendidos de un extremo a otro del Perchel. Es el tiempo, o mejor dicho, Tú, como Señor del tiempo, el que vuelves a atraer, como el estandarte de la serpiente, todas las miradas hacia Tí. 

Cuatrocientos años son un suspiro para una Caridad que atraviesa siglos derramando Su Sangre y entregando Su Cuerpo por nosotros en cada Eucaristía. Cristo, ayer, hoy y siempre presente en las seculares calles del barrio perchelero.

Como en todo lo cofrade, habrá mucho de “pseudo”, que se quedará en la perfección técnica de los acompañamientos musicales, en la conveniencia del recorrido, en la ejecución de los compases costaleros… Se quedan en nada… Todo pasa para ellos a la misma velocidad que tu Caridad se hace presente entre nosotros.

Como Marta, prefiero quedarme con la mejor parte... Hoy, mañana, y así hasta el sábado, estaré fijo en Tu Mirada escondida, en la caída firme de Tus Brazos descolgados, en Tu Silueta inconfundible al contraluz del atardecer, en Tu Sangre redentora desparramándose en bendiciones sobre Tu Costado… Todo lo llenas porque Todo lo eres. Tu Caridad nos reclama a un mundo mejor. Son apenas Cuatro Siglos, pero Tu Caridad no pasa nunca…

1 comentario:

Begoña S.R. dijo...

Una gran entrada, no sé que me gusta más si la imagen o el texto, por tanto me quedo con el Todo.
Enhorabuena Miguel

Un ruego; cuando estés ante Su Mirada recuerda a los que no estamos allí y haznos presentes así como a nuestras intenciones para participar de Su Bendición y Caridad

Un abrazo