A nuestra gente de La Plazuela, santo y seña de lo puramente ciudadrealeño
Julio está bordado en sedas de sol sobre rasos de luna…
Julio es la viña florida. Los que somos de aquí lo sentimos… Muchos, y muchos
de los que dicen quererla, no lo saben. Pero si eres de aquí, porque aquí te
has hecho, lo palpas… Y Julio guarda en su relicario de memorias muchos de los
momentos que han marcado nuestra vida.
Julio se abre cálido en la espera de la tarde del astro
abrasador que se cuela entre caricias de abanicos octogenarios…Es el sonido de
los golpes viejos en el pecho de las mujeres de la tierra… Son las vísperas de
lo que siempre está por llegar… es el barco anclado en la inmensidad de la fe
de esta llanura…
Julio es brisa de oraciones y novenas que viven en La
Plazuela de los sueños… Por eso al decimosexto día, Julio se abre en flor
carmelitana navegando en el mar de la esencia…
Ya queda menos para que los tripulantes de este navío de lo
íntimo suelten anclas y la pureza inunde de luz nuestras calles. Sí, nuestras
calles. Esas que no han perdido la esencia de lo que siempre fueron porque la
Madre del Carmen no ha dejado que muera aquello que les hizo nacer a la vida de la ciudad… los caminos por donde la gracia se derrama, y esto tampoco podrán
robárnoslo…
Julio nos espera en el ocaso de la espadaña, en el bueno
gusto de sus cofrades, en la esencia de lo nuestro… Julio nos abraza en el
pardo de su vestimenta… Es el tiempo de los escapularios, porque Julio,
también, tiene nombre de mujer… Carmen.
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