lunes, 15 de noviembre de 2010

Tu única defensa... la más pura verdad

Como si fuera un Jueves Santo cualquiera, tú fuiste capaz de cambiar la lanza de un joven centurión, por la lanza que llevas en tu mano, Madre. Tu única defensa y la más pura verdad, la Cruz de los cristianos, con la que atraviesas el corazón de todos nosotros, la mayor lección de Amor al prójimo.

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