sábado, 26 de octubre de 2013

El repique de la tarde


A veces el ánimo se ensombrece, todo pasa muy deprisa, somos fugaces como la trasera un palio, y el ruido que nos invade no nos deja escuchar los últimos compases de la melodía…

Es quizás por eso, que cuesta encontrar el momento del reposo. Es quizás, por lo mismo, por lo que ya no lo encontraré más en el repique limpio de la campana, a eso de la media tarde.

Se pierde el tañer en el ocaso, como se pierden tantas cosas en nuestros días… La ciudad se nos muere en otra clausura consumida… Nos ha tocado vivir tiempos de ausencia. Hace apenas unas migajas de tiempo fueron las capas celestes de las hijas de la toledana Beatriz de Silva, las que marcharon, buscando quizás nuevos azules en el sol de Osuna… Ahora son las hijas de Santo Domingo las que dejan atrás casi seis siglos de luz en nuestras vidas…

Negro y blanco de unos hábitos que no sólo dejan atrás el tiempo, la tradición de una ciudad que se consume un poco más en su partida, o la fe de una Iglesia que se hace más pobre, ante la marcha de aquéllas que son pulmón espiritual de un pueblo al que, en demasiadas ocasiones, se le olvida rezar. 

Es el negro y blanco de la historia personal de cada uno de nosotros lo que también se muere. Su ausencia física, no supera la ausencia espiritual del que busca cobijo al amparo de los muros de San Martín. Se nos van muchas cosas, y quizás la más hiriente es el silencio… El silencio de unas vidas entregadas, el silencio de unas vidas plenas, el silencio, a media tarde del repicar de una campana…

1 comentario:

Mada Leon dijo...

Exquisita reflexión, y...así es Miguel, desgraciadamente nos seguimos quedando sin los recuerdos, siempre dulces y gratos, de congregaciones, personas e instituciones que han dejado huella en nuestra ciudad.
Enhorabuena y saludos.